La Comay y otros demonios

En la televisión puertorriqueña subsisten varios demonios. Entre ellos está la lascivia y la indecencia. Me apena decirlo, pero sin pudor lo hago. El programa del titiritero Kobbo Santarosa ha servido para problemas. Como en todo programa de bochinche, esa producción televisiva no tiene el fin de informar, sino de polarizar e hiperbolizar las cosas en Puerto Rico. 


Recientemente, hemos sido testigos de otro acto propio de alguien que tiene más vísceras que cerebro. Por supuesto hablo de la foto de Valentina, la única hija de la candidata a la gobernación Alexandra Lúgaro. Quisiera, entonces, abordar brevemente algunos conceptos importantes de nuestro ordenamiento jurídico sobre la controversia que se suscitó. 

El material obsceno no está protegido por la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Los estados pueden reglamentar la exhibición de material obsceno en sitios públicos, mas la reglamentación que adopten deberá contener procedimientos que no coarten indebidamente la libertad de expresión. El crisol para determinar si el material es obsceno es “si para la persona promedio, aplicando los estándares comunitarios contemporáneos, el tema dominante del material, tomado en su conjunto, apela a los intereses más lascivos”. Antes de que el material pueda ser prohibido como obsceno bajo ese crisol, se debe establecer que va —sustancialmente— más allá de los límites habituales de franqueza en la descripción o representación.

La transmisión de contenido obsceno, indecente o profano está prohibido en radio y televisión. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) es la entidad encargada de recibir quejas de consumidores, fiscalizar a las estaciones de radio y televisión e imponer multas administrativas y otras sanciones. La transmisión de contenido obsceno está prohibida por la ley, a cualquier hora. Los contenidos considerados indecentes y profanos están prohibidos por radio y televisión de emisión abierta, entre las 6 de la mañana y las 10 de la noche, cuando hay un riesgo razonable de que los niños sean parte de la audiencia.


La FCC ha definido el contenido obsceno, indecente o profano en lo siguiente: 

Contenido obsceno:

Son tres criterios para llevar a la conclusión sobre si es obsceno:

  1. Debe estar dirigido a los intereses más lascivos de una persona corriente; 

  2. Debe ilustrar o describir una conducta sexual de forma “patentemente ofensiva” y 

  3. Visto como un todo, debe carecer de serio valor literario, artístico, político o científico.

Contenido indecente:

La representación de los órganos sexuales o excretores o sus actividades, de manera tal que no llega a ser obsceno de conformidad con la prueba de tres condiciones establecida por la Corte Suprema.

Contenido profano:

Incluye lenguaje “sumamente ofensivo”, considerado como una molestia pública. 

Tres factores principales son importantes para este análisis contextual: (1) la naturaleza explícita o gráfica de la descripción o representación de los órganos o actividades sexuales o excretores; (2) si el material se basa en o repite descripciones o representaciones extensas de órganos o actividades sexuales o excretores; y (3) si el material parece complacer o se usa para excitar o conmocionar. 

Es común que los canales de televisión y radio coloquen censores en las expresiones o visuales que son patentemente ofensivos, como órganos sexuales o palabras soeces. Sin embargo, eso no libera de responsabilidad a quien proyecta las imágenes, pues pueden constituir contenido indecente o profano. Soy de la opinión de que la foto usada por La Comay constituye contenido indecente, toda vez que es patentemente ofensivo sin llegar a ser obsceno. 

Nuestro más alto foro judicial ha acogido el principio de que toda tentativa de censura previa llega al tribunal acompañada de una fuerte presunción de inconstitucionalidad y reconoce que cada vez son menores las excepciones a las que está sujeta la libertad de expresión (publicación de las fechas de salidas de los barcos, el número y localización de las tropas y el lugar donde están sitas las instalaciones militares).

También, una cosa ha quedado clara: el derecho a la protección de la vida privada o familiar debe prevalecer sobre la libertad de expresión, pero que en otras puede ocurrir a la inversa, por lo que hay que analizar cada situación en particular. Pero la balanza está inclinada en favor de la libertad de prensa. Veamos.


El Tribunal Supremo, en el caso de Pérez Vda. Muñiz v. Criado desarrolló los siguientes principios para determinar si un interdicto es un remedio adecuado para evitar una publicación impugnada: “el ejercicio de la libertad de palabra y de prensa no depende de lo que se diga o publique sea cierto; que no puede coartarse dicha libertad en aras de evitar un escándalo; que la libertad de prensa es esencial para la vida de un país libre y esa libertad consiste en que no se le imponga censura previa a las publicaciones; y que no hay derecho a prohibir la publicación de ideas porque éstas sean impopulares, mortificantes o desagradables”.

Solamente en tres circunstancias específicas los tribunales están autorizados a prohibir la publicación de determinada información: (1) cuando una nación está en guerra; (2) cuando se trata de publicaciones obscenas; y (3) cuando se trata de exhortaciones a actos de violencia y al derrocamiento por la fuerza del gobierno ordenado. De manera tajante, el Tribunal sentenció en el mismo caso que “no hay derecho a prohibir la publicación de ideas porque éstas sean impopulares, mortificantes o desagradables”, punto. El uso de la foto de Valentina, al no ser obscena —a la luz de los criterios antes esbozados— no puede ser censurada. 

Un perjudicado de alguna publicación dañina tiene el remedio de la indemnización de daños y perjuicios, al amparo del Art. 1802 del Código Civil de Puerto Rico (artículo 1536 del nuevo código civil). El Tribunal ha rechazado las tentativas de censura previa, especialmente las que se han llevado a cabo mediante injunction

Por su parte, el Código Penal de Puerto Rico define la conducta obscena como cualquier actividad física del cuerpo humano, bien sea llevada a cabo solo o con otras personas, incluyendo, pero sin limitarse, a cantar, hablar, bailar, actuar, simular, o hacer pantomimas, que considerada en su totalidad por la persona promedio y, según los patrones comunitarios contemporáneos:

  1. Apele al interés lascivo, o sea, interés morboso en la desnudez, sexualidad o funciones fisiológicas;

  2. represente o describa en una forma patentemente ofensiva conducta sexual, y

  3. carezca de un serio valor literario, artístico, religioso, científico o educativo.

Recordemos que, en las acciones penales, todo delito debe ser probado más allá de duda razonable, y el quantum de la prueba es mucho mayor que en las acciones civiles de daños, por ejemplo. 

Prever el daño se trata de probabilidades y no de meras posibilidades. Una demanda sobre daños y perjuicios por difamación debe establecer que una información falsa fue publicada, ya fuese por escrito (libelo), u oralmente (calumnia), y constituyó un ataque a la honra y reputación del agraviado.

Además, cuando la publicación impugnada va dirigida a una figura pública, el demandante tiene que establecer que medió malicia real en la publicación de la información falsa. Entiéndase que la prueba tiene que establecer que el demandado, a sabiendas de la falsedad y con grave menosprecio de ello, publicó la información, e implica exponer a dicha persona [el difamado] al odio del pueblo o a su desprecio, o a privarle del beneficio de la confianza pública y trato social, o a perjudicarle en sus negocios; o de otro modo desacreditarle, menospreciarle o deshonrarle. Así se desprende de la Ley de libelo y calumnia de 1902. El quantum requerido para probar malicia real debe ser el de prueba clara y convincente, es decir, más que preponderancia de la prueba, pero menos que duda razonable. 

El daño moral que se le ha causado a Valentina es insondable y ni su reparación pecuniaria ni una disculpa serán suficientes. El titiritero es un infame y el infame, por sus actos, debe soportar la muerte civil y la cruel sentencia de la deshonra. La infamia es producto natural de lo torcido y de lo perverso. La fortaleza del infame nunca está en la razón, siempre será un burlón.


VSC



Image by Ricardo Dominguez

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