El temor a decirlo

Por Albert Torres Mercado

No es la primera vez que sale a relucir que una persona ha sido acosada sexualmente. Sin duda alguna, es algo que debe estar sucediendo todos los días en diferentes circunstancias. En la mayoría de los casos notamos un denominador común; el silencio. ¿A qué puede deberse ese silencio? La respuesta no es tan sencilla, pero una de las razones principales es con toda probabilidad los estigmas sociales. Vivimos en una sociedad que constantemente intenta justificar lo injustificable; y defender lo indefendible.

Los estigmas sociales son tan destructivos que logran convencer a las víctimas de que la culpa es de ellas.

El Artículo 135 del Código Penal de Puerto Rico, establece dos modalidades en que se puede configurar el delito del acoso sexual. (1) solicitar favores de naturaleza sexual para sí o para un tercero y sujetar las condiciones de trabajo, docencia o servicios a su cumplimiento; y (2) mediante comportamiento sexual provocar una situación con conocimiento de que resultará intimidante, hostil o humillante para la víctima en el ámbito de una relación laboral, docente o de prestación de servicios.

Ahora bien, no podemos confundir el acoso sexual de adulto a adulto con un acoso sexual de un adulto a un menor de edad. En esa situación ya no solo estamos hablando meramente del delito del acoso sexual, sino que estamos hablando de acoso sexual contra menores y la pedofilia. Un menor no tiene capacidad jurídica para consentir, aunque quiera. Su capacidad es suplida por sus padres o tutores legales hasta advenir la mayoría de edad. El argumento de que consistió aún siendo menor de edad, es completamente inválido en el Derecho.

El acoso sexual no puede ser justificado en ninguna circunstancia. Basta ya de justificar a los acosadores con los estigmas sociales. Las personas tienen el derecho de escoger sobre su cuerpo, de vestirse como deseen y de compartir fotos como desee en las redes sociales. Nada da derecho a interactuar con alguien simplemente por colocar una foto que a su juicio es provocadora. El respeto debe trascender el plano físico y debe incorporarse en todo momento. Como mencionó la expresidenta de la Comunidad de Madrid (1952), Esperanza Aguirre, estos violentos acosadores se creen el paradigma de los buenos sentimientos, pero solo son simples epígonos de las tácticas de los peores totalitarismos. El acoso puede darse en diferentes modalidades, pero todos tienen el mismo denominador; el silencio. El silencio también es una respuesta. Es la manera de esconder el dolor por miedo a ser juzgado. La sociedad no puede exigir respeto, sino puede ser capaz de combatir el temor de las víctimas a decirlo.

Image by Ricardo Dominguez

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